La fábrica invisible: la IA se entrena con sudor del Sur y la promesa de empleo es su coartada
Mientras las corporaciones anuncian eficiencia con cifras mágicas —'60% más'—, la cadena de suministro de la IA descansa en trabajadores mal pagados de Madagascar y en una gestión algorítmica que precariza hasta la percepción de autonomía. Los estados, por su parte, ofrecen 'formación en IA' con validez oficial como si la herramienta fuera la escalera y no la estructura del nuevo orden laboral.